El Tribunal Constitucional de Corea del Sur ha hecho historia (otra vez) al destituir formalmente al presidente Yoon Suk-yeol, tras determinar que violó la Constitución al declarar la ley marcial sin justificación el pasado diciembre. Yoon, en un intento por aferrarse al poder, movilizó tropas para frenar al Parlamento, lo que el Alto Tribunal consideró un acto de abuso de autoridad digno de telenovela… o de juicio político. Ahora enfrenta cargos por insurrección y abuso de poder, con penas que van desde cadena perpetua hasta la pena de muerte, aunque el país no ejecuta a nadie desde 1997.
Como resultado, Corea del Sur celebrará elecciones presidenciales anticipadas en un plazo máximo de 60 días. El primer ministro Han Duck-soo ha asumido como presidente interino en medio de una sociedad dividida, protestas en las calles y una comunidad internacional observando con lupa. El 60% de la población respaldó la destitución, pero la otra mitad no está tan contenta. Mientras tanto, la democracia surcoreana prueba una vez más que no se anda con rodeos cuando un presidente decide jugar al dictador.
