Victoriano Churo y Cerrildo “Chacarito”.
En 1993, dos hombres rarámuris —Victoriano Churo y Cerrildo “Chacarito”— dejaron las profundidades de las Barrancas del Cobre, en Chihuahua, para conquistar las montañas de Colorado. Sin entrenadores, sin tenis de alta gama y sin patrocinadores, corrieron con lo único que conocían: huaraches de llanta, pinole, agua y la fuerza de su espíritu.
Ese año se enfrentaron al Leadville Trail 100, uno de los ultramaratones más extremos del planeta: 160 kilómetros a más de 3,000 metros de altura. Contra todo pronóstico, Victoriano cruzó la meta en primer lugar con un tiempo de 20 horas y 2 minutos, y detrás de él llegó Chacarito, logrando un histórico 1–2 para los rarámuris.
La escena fue inolvidable: mientras atletas extranjeros llegaban con tenis de última generación y entrenamientos de élite, fueron derrotados por dos hombres humildes de la sierra tarahumara. Lo que pocos sabían es que Victoriano tenía más de 50 años y no entrenaba en gimnasios, sino en cañones infinitos, siguiendo el sol y el viento.
Él no era un atleta profesional: era agricultor. Pero poseía algo que el mundo entero envidió desde ese día: la sabiduría ancestral de correr, no como competencia, sino como forma de vida.
Desde entonces, el planeta entero volteó a ver a los rarámuris, ya no solo como leyenda, sino como orgullo de México y campeones internacionales.
