La Organización de los Estados Americanos (OEA) y varios gobiernos han reiterado su rechazo al régimen de Nicolás Maduro, señalándolo por fraude electoral, represión sistemática y crímenes de lesa humanidad. En una sesión reciente, la delegación de Estados Unidos lo calificó como “enemigo de la humanidad”, mientras que la CIDH documentó al menos 25 muertes por disparos y más de 2 mil detenciones durante las protestas poselectorales de 2024.
Desde 2018, la OEA ha declarado ilegítimas las elecciones organizadas por el chavismo y ha respaldado denuncias ante la Corte Penal Internacional. Un panel de expertos del organismo reveló más de 8 mil ejecuciones extrajudiciales, miles de detenciones arbitrarias y cientos de casos de persecución política, configurando un patrón de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
Más de 50 países —entre ellos Estados Unidos, Canadá y la mayoría de la Unión Europea— han desconocido a Maduro como presidente legítimo, reconociendo a Juan Guaidó como presidente interino en 2019. La Secretaría General de la OEA sostiene que Venezuela es una dictadura consolidada y que el régimen chavista ha quebrado el orden constitucional.
Aunque voces como Luis Almagro y Donald Trump han planteado que
“todas las opciones están sobre la mesa”,
no existe respaldo formal a una intervención militar. La comunidad internacional ha optado por presionar al régimen mediante sanciones, aislamiento diplomático y denuncias ante tribunales internacionales, en busca de una transición pacífica y democrática.
