Washington D.C.— El gobierno de Estados Unidos dio un paso sin precedentes: declaró al presidente venezolano Nicolás Maduro como líder de una organización terrorista global, al identificarlo como cabecilla del Cártel de los Soles, una red narco-militar que, según Washington, opera desde el corazón del Estado venezolano.
La medida, anunciada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) el pasado 25 de julio, coloca a Maduro en la misma categoría que líderes de Al Qaeda o el Estado Islámico, señalando que utiliza el aparato estatal para traficar drogas en complicidad con organizaciones como el Tren de Aragua y el Cártel de Sinaloa.
Un dictador acusado de usar la droga como arma
Según el secretario del Tesoro, Scott Bessent, Maduro encabeza una estructura de narcoterrorismo que “amenaza la seguridad de EE.UU. y desestabiliza toda la región”. La acusación es clara: el régimen venezolano estaría utilizando la cocaína como arma de guerra política, facilitando el paso de cargamentos a través de rutas protegidas por el propio ejército venezolano.
Desde 2020, Maduro ya enfrentaba cargos por narcotráfico, terrorismo y conspiración junto a Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, también señalados ahora como miembros de esta organización. Con esta nueva designación, Estados Unidos elevó a 25 millones de dólares la recompensa por la captura de Maduro, y sumó al general Padrino a la lista de los más buscados, con 15 millones sobre su cabeza.
El Cártel de los Soles: cocaína, uniforme y poder
El nombre del cartel alude a las insignias de sol que portan los generales venezolanos. Y no es metáfora: según la OFAC, el cartel es una alianza directa entre las Fuerzas Armadas, la inteligencia y el alto gobierno. Se acusa al régimen de operar como un narcoestado funcional, con canales de distribución protegidos desde las más altas esferas.
La estructura, explican, habría facilitado la entrada de cargamentos del Cártel de Sinaloa y servido como brazo logístico del Tren de Aragua, banda venezolana también clasificada como terrorista. Para EE.UU., este no es un cartel más: es el primer caso moderno de un gobierno en funciones catalogado como organización terrorista internacional.
¿Fin de la impunidad?
Además de sanciones financieras y bloqueo de activos, la designación abre la puerta a posibles acciones legales en tribunales internacionales y a una presión diplomática más fuerte sobre países que aún respaldan al régimen chavista.
En paralelo, la DEA lanzó una campaña global para obtener información que conduzca a las capturas. Habilitó el correo CartelSolesTips@dea.gov y recordó que las recompensas se mantienen vigentes. El mensaje fue directo:
“Maduro y su régimen criminal no durarán para siempre”.
Mientras Caracas califica todo esto de “ficción política”, Washington parece decidido a cerrar el capítulo de la impunidad: el presidente de Venezuela es ahora oficialmente un terrorista internacional.
