La controversia que rodea a Ximena Pichel, mejor conocida en redes como “Lady Racista”, ha desencadenado una serie de consecuencias laborales y sociales que evidencian el alto costo de la discriminación pública.
Todo comenzó con la difusión de un video donde se le escucha lanzar insultos de carácter racista hacia un agente de tránsito. A raíz del escándalo, la marca de productos capilares con la que se le relacionaba canceló cualquier vínculo, un restaurante prescindió de sus servicios, y un portal de modelaje eliminó su perfil de manera inmediata.
Usuarios en redes inicialmente la asociaron erróneamente con la marca Pantene, lo cual fue desmentido en un comunicado oficial. Sin embargo, sí se detectaron vínculos publicitarios con otras marcas, como Fermodyl, aunque no se ha confirmado si existía un contrato vigente.
En medio de la ola de indignación, Pichel cerró sus redes sociales y dejó un mensaje en TikTok que avivó la polémica:
“Tengo el video completo… solo espero indicaciones de mis asesores.”
Además, enfrenta una denuncia penal por discriminación ante la Fiscalía de la CDMX, y trascendió que acumula más de 147 mil pesos en deudas por multas viales y mantenimiento residencial.
Reflexión
El caso de “Lady Racista” deja en claro que las redes no olvidan y las marcas no perdonan. Lo que se dice y se hace en público tiene consecuencias, sobre todo cuando se atenta contra la dignidad de otros.
Las figuras públicas, influencers o modelos tienen la responsabilidad de ser coherentes entre lo que promueven y lo que practican. En tiempos de justicia social inmediata, la discriminación no tiene espacio.
