Roma vivió uno de los funerales más multitudinarios de su historia. Los restos del papa Francisco ya descansan en la Basílica de Santa María la Mayor, tras una emotiva ceremonia de exequias que reunió a casi 500,000 personas entre el interior de la Basílica de San Pedro y la plaza. Desde el exterior, más de 200,000 fieles siguieron el rito litúrgico en pantallas gigantes, en una jornada marcada por la fe, la unidad y el homenaje a un pontífice que cambió la historia de la Iglesia católica.
En un gesto final de humildad, Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, rechazó los lujos del protocolo vaticano: no hubo catafalco, cetro ni los tres ataúdes tradicionales. Eligió ser sepultado en un sencillo ataúd de madera y zinc, reafirmando el estilo de vida sencillo que predicó desde el inicio de su pontificado. El rito incluyó cantos litúrgicos, la colocación de sellos oficiales y la firma solemne del acta de sepultura.
Más de 50 líderes mundiales se dieron cita en el Vaticano para rendir homenaje al papa argentino. Entre ellos, destacaron el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quienes coincidieron en la ceremonia después de una reciente y tensa reunión en la Casa Blanca. La imagen de ambos mandatarios presentes en el funeral simbolizó, por un instante, un respiro en medio de las tensiones geopolíticas globales.
El último adiós a Francisco fue más que un funeral: fue un acto de unidad mundial, una muestra de afecto hacia el papa que apostó por una Iglesia cercana a los pobres, comprometida con la justicia social y abierta al diálogo en tiempos de crisis. Así, el mundo despidió a un líder que, incluso después de su partida, logró reunir en oración a fieles, líderes políticos y millones de personas de diferentes credos alrededor del mundo.


